Muchas personas asocian la limpieza del hogar con largas jornadas de esfuerzo que ocupan todo un día libre. Sin embargo, una casa limpia no depende de grandes sesiones de limpieza, sino de pequeños gestos diarios que evitan que la suciedad se acumule.
El error más común es esperar a que todo esté desordenado para empezar. Cuando se limpia solo de vez en cuando, la tarea parece interminable. En cambio, mantener una rutina corta cada día reduce el trabajo a pocos minutos.
La regla más eficaz es simple: limpiar en el momento. Si algo se derrama, se limpia al instante. Si se usa un plato, se lava o se coloca directamente en el lavavajillas. Estos gestos evitan que las tareas se acumulen.
Las superficies despejadas facilitan todo. Una mesa llena de objetos obliga a mover cosas antes de limpiar. Si cada elemento tiene su lugar, pasar un paño húmedo toma segundos.
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