Aprender un idioma nuevo puede parecer difícil, pero no necesitas estudiar horas cada día. Lo más importante es la constancia.
Empieza con palabras simples y útiles: saludos, números, colores, comida. Usarlas en frases cortas ayuda a recordarlas mejor.

Escuchar música o ver series en ese idioma acostumbra el oído. Aunque no entiendas todo, tu cerebro empieza a reconocer sonidos y palabras.
Puedes pegar notas en casa con nombres de objetos: puerta, mesa, ventana. Así practicas sin darte cuenta.
Hablar, aunque cometas errores, es clave. No esperes a ser perfecto para usar el idioma.

Con pequeños pasos diarios, el progreso llega más rápido de lo que imaginas.