Un conjunto de factores, a menudo combinados:
Tendencias genéticas: algunas familias se ven más afectadas.
Sobrepeso: cada kilo de más aumenta la carga sobre la articulación.
Actividades físicas o deportes repetidos: el trabajo pesado o los movimientos repetitivos aumentan el desgaste.
Historial de lesiones (fracturas, luxaciones) o enfermedades articulares como la poliartritis.
Señales que deberían alertar.

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Actividades sugeridas: natación, ciclismo, caminata regular en terreno llano.
Las sesiones de fisioterapia ayudan a fortalecer los músculos de la cadera y a mantener una buena movilidad.
Alivian la presión sobre la articulación.
Bajar algunos kilos suele ser suficiente para aliviar significativamente las molestias.
Cuando el dolor se vuelve crónico…
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Se puede considerar la cirugía (reemplazo de cadera). Hoy en día, es un procedimiento popular y bien controlado: más del 90 % de los pacientes recuperan movilidad duradera durante 10 a 15 años.
Escucha a tu cuerpo, actúa de inmediato.
Ignorar el dolor no lo hará desaparecer. Si detectas estos síntomas, o si un ser querido se queja de ellos, visitar a un médico es el primer paso para una vida más cómoda.