A primera vista parece un dibujo sencillo: algunos objetos cotidianos acompañados de letras sueltas y una frase clara en la parte superior que invita al reto: “Encuentra la palabra oculta”. Sin embargo, este tipo de imágenes es mucho más que un pasatiempo rápido. Son pequeños gimnasios mentales que obligan al cerebro a salir de la lectura automática y entrar en un modo de interpretación creativa.
En la imagen vemos cuatro elementos: un cepillo de dientes, un bolígrafo, una llave y varias letras colocadas estratégicamente. No se trata de leer las letras tal como aparecen, sino de interpretar cada objeto como una sílaba o sonido. Es un juego entre lo visual y lo lingüístico.
Este tipo de acertijo pertenece a la familia de los llamados “rebus”, un sistema muy antiguo que combina imágenes y letras para formar palabras o frases. Nuestro cerebro, acostumbrado a leer texto lineal, debe cambiar de estrategia. En lugar de decodificar palabras completas, tiene que traducir objetos en sonidos y luego unirlos como piezas de un rompecabezas.
Ahí está la parte interesante: el proceso mental. Primero identificas el objeto. Después buscas su nombre. Luego tomas solo una parte de esa palabra, normalmente la primera sílaba. Finalmente la combinas con las letras visibles hasta que aparece una palabra con sentido.
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