Cómo reducirlos (sin obsesionarse)
Encapsula colchón y almohadas con fundas antiácaros (con cierre). Esta medida reduce de forma efectiva el contacto con alérgenos mientras duermes.
Lava la ropa de cama cada semana en agua caliente, alrededor de 130 °F/54 °C, y sécala completamente para eliminar ácaros y alérgenos.
Controla la humedad del dormitorio entre 30–50 %; los ácaros prosperan en ambientes cálidos y húmedos.
Aspira con filtro HEPA y pasa paños húmedos para retirar polvo; reduce peluches, cojines y textiles que acumulen alérgenos.
Ventila el cuarto y, si es posible, usa materiales de fácil limpieza (suelo duro en vez de alfombra de pared a pared).
Estas acciones combinadas son la estrategia más efectiva para bajar la carga de alérgenos en el dormitorio.
Dormir en un entorno cargado de ácaros puede parecer inofensivo, pero a la larga afecta la respiración, la piel y la calidad del sueño. Con fundas protectoras, lavado caliente y un control básico de humedad y polvo, puedes transformar tu cama en un espacio más saludable y descansar mejor.