Reflexión Final
En conclusión, esa cicatriz en el brazo que muchos llevan con orgullo es mucho más que un simple recuerdo de una vacuna. Es un símbolo de nuestra historia y de todo lo que hemos superado como sociedad. En un mundo lleno de desafíos, poder compartir estas marcas es una llamada a la unidad. Así que, la próxima vez que mires tu cicatriz, recuerda que eres parte de una narrativa más amplia, una que celebra la vida, la salud y la comunidad. Después de todo, el verdadero espíritu del rock no solo se encuentra en la música, sino también en las historias que llevamos en nuestra piel.