Cada niño lleva dentro un universo de luz. Algunos miran y solo ven diferencias. Pero una madre… una madre ve mucho más allá. Ella ve fuerza donde otros ven fragilidad, ve pureza donde otros ven solo un detalle.
Soy hermosa porque en mi sonrisa hay esperanza, porque en cada gesto sencillo esparzo amor. Y en el corazón de mi mamá no hay ninguna duda: soy el regalo más hermoso de su vida.
Y tal vez eso sea lo que todos necesitamos aprender: a mirar con los ojos del amor.