¿Cómo reconocer una papa peligrosa?
No hace falta ser experto para detectar una papa que ya no debería comerse. Las señales son bastante claras: brotes visibles, una piel arrugada o zonas verdosas. Esa coloración verde no es solo un problema estético; indica que ha habido exposición prolongada a la luz y que la solanina está haciendo de las suyas. Además, el sabor se vuelve más amargo, una alerta natural de que algo no anda bien.
Una papa recién cosechada o bien almacenada tiene una textura firme, sin puntos blandos ni brotes. Pero cuando lleva semanas o meses guardada, sobre todo en lugares cálidos o con mucha humedad, los brotes aparecen y el peligro empieza a crecer.
¿Qué pasa si se consumen papas con brotes?
Todo depende de la cantidad y del grado de deterioro. Si la papa tiene pequeños brotes y se pelan cuidadosamente, en la mayoría de los casos no habrá consecuencias graves. Sin embargo, cuando los brotes son largos, la papa tiene partes verdes o presenta un olor raro, es mejor no arriesgarse.
El consumo de solanina en niveles altos puede provocar intoxicación alimentaria, cuyos síntomas aparecen entre una y ocho horas después de comerla. Los más comunes son náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, fiebre y en casos más serios, confusión, somnolencia o dificultad para respirar. En niños o personas con el sistema inmunológico débil, las consecuencias pueden ser más severas.
Un error común en muchas cocinas
Hay quienes piensan que si cocinan bien la papa, el calor eliminará cualquier sustancia tóxica. Pero ese es un error muy extendido. La solanina es resistente a las altas temperaturas, lo que significa que hervir, freír u hornear no la destruye completamente. Por eso, si una papa ya muestra signos claros de deterioro, lo más seguro es descartarla.
La idea de “no botar comida” es comprensible, especialmente en tiempos en los que se busca reducir el desperdicio. Pero cuando se trata de la salud, más vale prevenir. Tirar una papa en mal estado puede ser un pequeño sacrificio frente a los problemas que puede causar una intoxicación.
Cómo evitar que las papas broten
La buena noticia es que este problema puede prevenirse fácilmente si se almacenan las papas de forma adecuada. Lo ideal es mantenerlas en un lugar oscuro, fresco y seco, lejos de la luz directa y sin humedad. Nunca deben guardarse dentro del refrigerador, ya que el frío transforma el almidón en azúcar, alterando su sabor y textura.
Tampoco conviene almacenarlas junto a cebollas, porque ambas verduras liberan gases que aceleran el proceso de descomposición. Si se compran en grandes cantidades, lo mejor es revisarlas cada pocos días y retirar las que empiecen a brotar para evitar que contagien al resto.
Un truco casero que muchos utilizan es colocar una manzana entre las papas. Esta libera un gas llamado etileno que ayuda a retrasar la aparición de brotes. También es útil mantenerlas en una caja ventilada o en una bolsa de papel, nunca en plástico, para que puedan respirar.
¿Y si solo tiene un pequeño brote?
En caso de que la papa tenga apenas un brote pequeño, aún puede aprovecharse, siempre y cuando se retiren completamente el brote y la zona que lo rodea, incluyendo cualquier parte verde. Eso sí, debe cocinarse de inmediato, sin volver a guardarla.
Pero si la papa tiene varios brotes, está muy blanda o tiene un olor desagradable, lo más recomendable es desecharla. Ningún ahorro justifica el riesgo de una intoxicación alimentaria.
El papel de la solanina en la naturaleza
Aunque suene contradictorio, la solanina no es algo “malo” por sí misma. En realidad, es una defensa natural de la planta. Es su forma de protegerse de plagas y animales. Lo que ocurre es que, al consumirla en exceso, nuestro cuerpo no la tolera bien. Es el mismo principio que con muchas sustancias naturales: en pequeñas dosis no pasa nada, pero en grandes cantidades puede ser peligrosa.
Casos documentados de intoxicación
A lo largo de los años, se han reportado múltiples casos de intoxicaciones por papas brotadas, especialmente en lugares donde las condiciones de almacenamiento no son las mejores. En algunos brotes masivos, familias enteras presentaron vómitos y diarreas intensas tras consumir papas verdes o viejas. Aunque no son casos comunes, sí demuestran que el riesgo es real.