Conclusión
La razón por la que la piña puede hacer que la lengua se sienta extraña no se debe únicamente a su acidez.
Gran parte de este fenómeno está relacionado con la bromelina, una enzima natural capaz de interactuar con las proteínas presentes en los tejidos de la boca.
El resultado suele ser una sensación temporal de sensibilidad, hormigueo o aspereza que muchas personas reconocen inmediatamente después de comer piña fresca.
Y quizá esa sea la parte más sorprendente de todas: cada vez que disfrutamos una rodaja de piña, también estamos presenciando una pequeña lección de biología y química escondida dentro de una de las frutas más apreciadas del mundo.