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Genética: La herencia juega un papel importante. Algunos genes pueden debilitar las paredes de los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de desarrollar venas dilatadas.
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Estilo de vida sedentario: Permanecer sentado o de pie durante largos períodos reduce la circulación y provoca acumulación de sangre, aumentando la presión en las venas.
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Sobrepeso: El exceso de peso ejerce presión adicional sobre las venas de las piernas, debilitando las válvulas y afectando su funcionamiento con el tiempo.
¿Pueden las venas moradas ser señal de una enfermedad?
En algunos casos, sí. Las venas moradas pueden ser un síntoma de trastornos subyacentes como:
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Insuficiencia venosa crónica: Las válvulas de las venas no funcionan correctamente y la sangre se acumula, provocando dilatación y cambio de color.
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Arterias obstruidas o enfermedades vasculares: Pueden contribuir a la aparición de venas visibles y moradas.
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Lesiones en las piernas: Los golpes o traumatismos pueden alterar temporalmente la coloración de las venas.
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Problemas cardiovasculares: Si las venas moradas vienen acompañadas de falta de aire o dolor en el pecho, puede ser señal de una enfermedad del corazón.
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Diabetes tipo 2: Esta enfermedad debilita los vasos sanguíneos y puede provocar cambios visibles en las venas.
Si no se tratan, las venas moradas pueden evolucionar hacia úlceras venosas, trombosis o flebitis. La detección temprana es fundamental.