En estas situaciones, la bomba muscular de la pantorrilla no se activa y la sangre depende únicamente de las válvulas, que ya pueden estar comprometidas ya sea por la edad u otros factores. La genética también juega un papel fundamental, en muchas familias existe una predisposición natural a tener venas más débiles o válvulas menos eficientes.

Otro factor que influye mucho en la aparición de las várices, son los cambios hormonales, más que todo durante el embarazo, ya que este causa un aumento del volumen sanguíneo, la presión del útero sobre los vasos y la influencia de ciertas hormonas. Lo mismo sucede con la obesidad, ya que el exceso de presión en la zona abdominal dificulta el retorno venoso desde las piernas hacia el corazón.
Es importante saber que las varices no solo modifican la apariencia de las piernas, sino que también pueden generar una serie de molestias que afectan la calidad de vida. Entre los síntomas más habituales se encuentran la pesadez, el dolor, los calambres nocturnos, la hinchazón de tobillos y la sensación de ardor o picazón alrededor de las venas afectadas.
Mantener una circulación saludable requiere activar frecuentemente los músculos de las piernas, evitar posturas prolongadas y adoptar hábitos que favorezcan el retorno venoso. Aunque las varices pueden ser benignas en muchos casos, su presencia también puede indicar un problema más profundo que requiere evaluación médica.
Este contenido tiene fines informativos y busca explicar de forma clara qué ocurre dentro del sistema venoso cuando aparecen las varices.