Las papas son parte esencial de la mesa de millones de familias. Están en el puré del almuerzo, en las papas fritas del fin de semana o acompañando una carne bien hecha. Pero lo que muchos no saben es que este alimento tan cotidiano puede convertirse en un riesgo para la salud cuando empieza a “brotar”. Sí, esas pequeñas ramitas verdes o moradas que salen de la papa cuando lleva mucho tiempo guardada no son tan inofensivas como parecen.
A simple vista, uno podría pensar que con solo cortar los brotes la papa vuelve a estar lista para cocinar, pero la realidad es otra. Detrás de esos pequeños tallos se esconde una sustancia tóxica capaz de causar malestar e incluso intoxicaciones graves si se consume en grandes cantidades.
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El problema no está en la papa en sí, sino en cómo reacciona cuando comienza a deteriorarse. Cuando una papa empieza a brotar, su composición química cambia. Se produce un aumento en unas sustancias llamadas glicoalcaloides, principalmente solanina y chaconina, compuestos naturales que la planta utiliza como defensa frente a insectos, hongos y condiciones adversas. En pequeñas cantidades no representan un gran peligro, pero cuando la concentración aumenta —como ocurre cuando la papa se pone verde o brota— pueden ser dañinas para el ser humano.