La energía diaria no depende solo de dormir muchas horas o tomar café. Está muy relacionada con pequeños hábitos que repetimos cada día casi sin notarlo. Ajustar algunas rutinas sencillas puede cambiar por completo la sensación de cansancio constante.
Empezar el día con agua en lugar de mirar el teléfono es uno de esos cambios simples pero efectivos. Tras varias horas de sueño, el cuerpo necesita hidratación. Un vaso de agua al despertar activa suavemente el organismo.
Mover el cuerpo durante unos minutos también marca diferencia. No es necesario hacer ejercicio intenso. Estirarse, caminar por la casa o hacer respiraciones profundas ayuda a despertar músculos y mente.
Organizar mentalmente el día evita la sensación de caos. Anotar tres tareas principales en una libreta permite enfocarse y no dispersar la energía en demasiadas cosas al mismo tiempo.
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