Ducharse es algo tan cotidiano que nadie piensa en ello.
Se hace todos los días, de la misma forma, durante años… sin imaginar que un pequeño hábito puede empezar a afectar al cuerpo con el paso del tiempo.
Lo que a los 25 años no causa problema, después de los 50 el organismo ya no lo tolera igual.
El error más común no es la frecuencia.
Es la temperatura del agua.
Muchas personas, especialmente al levantarse o antes de dormir, utilizan agua muy caliente porque produce sensación de alivio inmediato. Relaja los músculos, calma el frío y da bienestar. El problema es que el cuerpo, con los años, reacciona diferente.
¿Qué ocurre después de los 50?
Con la edad, la circulación se vuelve más sensible y la presión arterial tarda más en adaptarse a los cambios bruscos. El agua excesivamente caliente dilata los vasos sanguíneos rápidamente.
Eso puede provocar:
- mareo al salir de la ducha
- debilidad repentina
- visión borrosa momentánea
- sensación de cansancio después del baño
Muchas personas creen que es “bajón de energía”.
En realidad, es un cambio brusco de presión.
Además, la piel después de los 50 pierde hidratación natural. El agua muy caliente elimina la capa protectora y puede causar picazón, sequedad y sensibilidad.
Entonces, qué es recomendable