Frente al espejo muchas personas piensan que su piel está envejeciendo más rápido de lo normal.
Aparecen pequeñas líneas alrededor de la boca, los ojos o la frente.
El maquillaje ya no queda igual y la piel pierde brillo.
Lo primero que se cree es:
“necesito una crema más fuerte”.
Pero en muchísimos casos el problema no es la edad.
Es falta de agua en la piel.
Con el paso de los años la piel no pierde primero colágeno… pierde hidratación. Cuando la capa superficial se reseca, se contrae ligeramente y se forman líneas finas que parecen arrugas permanentes.
Por eso ocurre algo muy común:
aplicas crema → mejora unas horas → al día siguiente vuelve igual.
No era envejecimiento real.
Era deshidratación cutánea.
Un signo claro:
si al estirar suavemente la piel con los dedos la línea desaparece, no es una arruga profunda todavía.
Otro factor que la empeora es algo cotidiano: