Muchas personas tienen una mandolina de cocina guardada en un cajón y casi nunca la usan. La razón es simple: parece peligrosa, complicada o innecesaria si ya tienes un cuchillo. Sin embargo, cuando aprendes a utilizarla correctamente, se convierte en una de las herramientas más útiles y rápidas de la cocina.
La mandolina no es solo para hacer rodajas finas. Permite cortar verduras y frutas con un grosor perfectamente uniforme, algo difícil de lograr incluso con mucha práctica usando cuchillo. Esa precisión cambia el resultado final de muchos platos.
Por ejemplo, unas papas cortadas exactamente del mismo grosor se cocinan al mismo tiempo. No tendrás unas quemadas y otras crudas. Lo mismo pasa con calabacines, zanahorias, pepinos o manzanas.
Entender la herramienta antes de usarla
Una mandolina básica tiene:
-
una superficie inclinada
-
una cuchilla fija o ajustable
-
a veces accesorios para cortes en tiras (tipo juliana)
El secreto está en ajustar primero el grosor. Empieza siempre por un corte medio, ni demasiado fino ni demasiado grueso. Así te acostumbras al movimiento sin riesgo.
Coloca la mandolina sobre una superficie firme. Si tiene patas antideslizantes, ábrelas. Si no, pon debajo un paño húmedo para que no se mueva.
continuar en la página siguiente