• El hierro dañó partes importantes de las células del cerebro que actúan como centros de control: el estudio descubrió que el hierro atacaba áreas pequeñas en la superficie de la célula donde se manejan proteínas importantes y se envían mensajes. En los cerebros afectados por alzhéimer (en especial en las personas con síndrome de Down) estas áreas tenían daños graves. Este daño cambió el modo en que se fabrican ciertas proteínas, lo que aumentó las formas tóxicas que se agrupan en el cerebro y destruyen las células nerviosas.
¿Las hemorragias cerebrales pequeñas son la fuente del exceso de hierro?
Una pista importante provino del descubrimiento de depósitos de hierro en áreas que se relacionan con el sangrado microscópico. Estas “microhemorragias” son fugas pequeñas de los vasos sanguíneos del cerebro que suelen pasar desapercibidas. Cuando la sangre se filtra al tejido cerebral, se descompone y libera hierro.
Con el tiempo, esto crea bolsas de hierro almacenado que provocan más daños. El estudio descubrió que una enzima de limpieza, que ayuda a procesar el hierro de la sangre, fue tres veces mayor en los cerebros de personas con síndrome de Down y alzhéimer, lo que sugiere que el sangrado crónico provocaba una sobrecarga de hierro.
• El proceso de corte de proteínas del cerebro se volvió más destructivo bajo estrés: por lo general, ciertas proteínas del cerebro pueden cortarse de maneras que son seguras o dañinas. El proceso de corte dañino se volvió más activo en los cerebros dañados, no porque hubiera más enzima de corte, sino porque trabajaba más rápido, quizá debido al estrés que se relaciona con el hierro. Al mismo tiempo, el proceso de corte más seguro se ralentizó. Este cambio hizo que el cerebro produjera más proteínas tóxicas en lugar de eliminarlas.