Cada plato tradicional tiene una historia. No nace solo de una receta escrita, sino de años de repetición, adaptación y memoria. Muchas comidas típicas surgieron de la necesidad: usar ingredientes simples, aprovechar lo que había en cada estación y alimentar a muchas personas con pocos recursos.
Con el tiempo, esas preparaciones dejaron de ser solo comida y se convirtieron en símbolos. Un guiso podía representar el invierno, un pan especial marcaba una celebración y ciertos dulces solo aparecían en fechas importantes.
Las recetas se transmitían de forma oral. No había medidas exactas, sino “un puñado”, “hasta que tome color” o “cuando huela bien”. Esa manera de cocinar hacía que cada familia tuviera su propia versión del mismo plato.
Continúe a la página siguiente.