Imagina que encuentras una caja de huevos en el frigorífico y no recuerdas exactamente cuándo la compraste. No tienen mal olor, no presentan grietas visibles y parecen estar en buen estado.
Entonces recuerdas un consejo popular que ha pasado de generación en generación: colocar los huevos en un recipiente con agua.
Si permanecen en el fondo, supuestamente están frescos. Si flotan, es posible que sean más antiguos.
Pero ¿por qué ocurre esto?
¿Existe realmente una explicación científica detrás de esta prueba tan conocida?
La respuesta es sí. Y, de hecho, se trata de un fascinante ejemplo de cómo principios simples de física y biología pueden ayudarnos a comprender mejor los alimentos que utilizamos todos los días.
Un Huevo Recién Puesto No Es Exactamente Como Parece
Aunque el exterior del huevo parece completamente sólido, su estructura interna es mucho más compleja.
Dentro de la cáscara encontramos:
- La yema.
- La clara.
- Diversas membranas protectoras.
- Una pequeña cámara de aire.
Esta cámara de aire es la protagonista de nuestra historia.
Cuando el huevo es muy fresco, dicha cámara suele ser relativamente pequeña.
Sin embargo, comienza a cambiar lentamente con el paso del tiempo.
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